Las segundas residencias suelen pasar largos periodos vacías, especialmente fuera de vacaciones o fines de semana. Precisamente por eso, se convierten en uno de los objetivos más habituales para robos y ocupaciones. Contar con un sistema de alarma adecuado no es un lujo, sino una medida clave para proteger la vivienda y mantener la tranquilidad cuando no estás.
Uno de los primeros aspectos a valorar es que la alarma esté conectada a una Central Receptora de Alarmas (CRA). No basta con que suene una sirena: es fundamental que, ante cualquier incidencia, profesionales verifiquen la señal y actúen de forma inmediata, avisando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad si es necesario. Cuando la vivienda está lejos, el tiempo de respuesta lo es todo.
También es importante que el sistema esté adaptado al tipo de vivienda. No es lo mismo un apartamento en la costa que un chalet aislado o una casa en un entorno rural. El número de accesos, la presencia de jardín, terrazas o garaje, y el nivel de visibilidad desde el exterior influyen directamente en el tipo de sensores y dispositivos necesarios.
La videovigilancia es un gran aliado en segundas residencias. Las cámaras permiten una verificación más rápida y eficaz de las alarmas y ofrecen un mayor control remoto. Además, actúan como un potente elemento disuasorio frente a intrusos, incluso cuando la vivienda lleva tiempo deshabitada.
Otro punto clave es el control desde el móvil. Poder conectar y desconectar la alarma a distancia, recibir notificaciones en tiempo real o comprobar el estado del sistema aporta comodidad y seguridad, especialmente cuando se producen visitas inesperadas, tareas de mantenimiento o alquileres puntuales.
No hay que olvidar la importancia de evitar falsas alarmas, algo habitual en viviendas vacías. Sensores adecuados, equipos actualizados y una correcta instalación profesional garantizan que el sistema funcione solo cuando debe hacerlo, sin sobresaltos innecesarios.
Por último, contar con una empresa de seguridad homologada y que ofrezca un asesoramiento personalizado marca la diferencia. Un estudio previo de la vivienda permitirá instalar una solución a medida, pensada no solo para proteger la propiedad, sino para ofrecer tranquilidad real durante todo el año.
Porque una segunda residencia debería ser sinónimo de descanso, no de preocupación. La seguridad empieza mucho antes de que suene una alarma.
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